Acompañé a Jona a la entrada, mis padres se acercaron a Jona.
- Una cena estupenda Sr.Jones, muchas gracias.
Me sorprendía lo increíblemente educado que podía ser Jona, cuando quiere claro.
- Gracias a ti por venir.- Contestó mi madre con una de sus mejores sonrisas.
Mi padre le extendió la mano a Jona, le miraba firme y serio, de pronto dirigió la mirada hacia mi. Yo me encontraba con una sonrisa radiante, mi padre bajo la cabeza.
- ¿Que es eso Alex?.- Pregunto mi padre extrañado.
- ¿El que?
- Eso, lo que tienes en la muñeca.
Levante la muñeca y me fijé en el tatuaje, rápidamente escondí la mano detrás mía.
- Nada papa.- Mire a Jona.
- Es un tatuaje, ¿Verdad?
- No papa....
- Alex, no me mientas, ¿Que es eso?
- Es... Un tatuaje.- Dije avergonzada y con la mirada agachada.
A mi padre nunca le habían gustado los tatuajes o los pircings , según el, eso llevaba a la rebeldía.
- Tu ya te tienes que ir a tu casa.- Dijo mi padre empujando a Jona hacia la puerta.
Antes de que pudiera decir algo Jona para defenderme mi padre le cerró la puerta.
- Lo sabía, ves lo que te decía Rouse.- Dijo mi padre dirigiéndose a mi madre.- Desde el principio ese chico no me gusto, mira lo que le ha obligado ha hacer a nuestra hija.
- Papa no me ha obligado....
- ¿Tampoco piensas apoyarme en esto Rouse?
Mi madre nos miro a los dos con dulzura.
- Alex, eres demasiado joven para un tatuaje, ya mantuvimos una conversación sobre este tema, acordamos que a los dieciocho. Nos has desobedecido.
- Pero mama, solo es un simple tatuaje, no tiene nada de malo....
- Primero es un tatuaje, luego viene el segundo, luego te agujereas la cara con pendientes y acabas adicta a las drogas.- Dijo mi padre llevándose las manos a la cabeza.
- Pero papa...
- !VASTA! Desde ahora tienes prohibido volver a ver a ese chico, ¿Me has entendido jovencita?
Yo asentí.
Subí a mi habitación lo más rápido que pude y caí rendida a la cama boca abajo, llorando...
Me desperté a las 6:45 de la mañana. Me froté los ojos para tener mejor visibilidad. El tráfico ya se apoderaba a esas horas de las carreteras, observé la ventana detenidamente, una nota se encontraba pegada en el cristal. Abrí la ventana y la cogí.
"Alex, necesito tu ayuda. No se como explicártelo, pero estamos en peligro. Es mejor que te lo explique en persona, te espero a las 10:30 de la mañana en el muelle Navy Pier. Posiblemente no quieras venir por el simple hecho de que no me creas. Se que nunca hemos hablado ni hemos tenido contacto. Pero las dos estamos en un grave peligro. Te espero..."
Helen.
¿Estamos en peligro? ¿A que se refería con eso? La verdad me empecé a preocupar. No sabía que hacer, si ir o no ir. Y tras un rato pensando, viendo los pros y los contras de ir, acepte encontrarme con Helen.Pero mi duda aún permanecía, ¿De que quería hablar conmigo?
- 10:29.- Susurré mientras miraba mi reloj.
Ya me estaba precipitando. Estaba pensando en mi muerte, decidí irme de allí lo antes posible, y al girarme una persona con unas gafas negras y una sudadera negra me asustó.
- Tranquila, soy yo.- Dijo Helen quitándose las gafas y la capucha.
- Que susto, me tenías preocupada, pensaba que no ibas a venir, es mas, incluso pensé que no eras ni tu.
- Tenemos que hablar.
- Por eso he venido aquí.¿ Sobre que se trata?
- Es Alice, tiene secuestrado a Chaz....
- ¿Que? ¿Como lo sabes?
- Lo he visto, lo peor es que Alice ahora me persigue. Quiere matarme, y no se va a cansar hasta hacerlo.
- Pero... ¿Por que?
- Por dos razones, la primera, desde siempre lo ha querido hacer, me ha tenido rencor todo este tiempo y la segunda por Chaz. Ella le tiene secuestrado, y yo soy la única que lo se...
- ¿Y que tengo que ver yo en esto?
- ¿Te han llegado a amenazar un par de hombres?
Yo asentí.
- A mi también, Alice los ha contratado. Tu te has metido mucho en el tema preguntando a Zac, a mi o incluso a ella misma. Aun que no lo parezca, cuando menos te lo esperas, nos esta vigilando. Alex, tu no sabes lo que puede llegas ha hacer....
- ¿Y que podemos hacer?
- No lo se, por eso te he llamado.
- Pues avisemos a la policía.
- No, no podemos. Si la avisamos, antes de que llegue la policía ya estaremos muertas.
El hombre de la red nos miraba fijamente y Helen y yo nos dimos cuenta. Nos miramos entre ambas. Tal vez, por miedo, las dos empezamos a correr y cuando nos dimos cuenta, el hombre nos perseguía....
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